AGRICULTURA

Agricultura regenerativa: otra forma de producir

Esta práctica busca cuidar el ambiente, colaborar con la sociedad y brindar los alimentos más sanos.

Se estima que para 2050 la población ascenderá a 9700 millones de personas, siendo uno de los principales desafíos la producción de alimentos. Asimismo, la tierra enfrenta diferentes problemáticas ambientales como la erosión del suelo, el uso de pesticidas y la pérdida de nutrientes. Como respuesta a esto se comenzó a hablar de una agricultura regenerativa, que permita el desarrollo de los cultivos, pero basado en el cuidado del suelo y del ambiente.

"Es un concepto de reconstrucción y mantenimiento del entorno de plantaciones y las cosechas, donde se focaliza en que las prácticas agrícolas tengan como eje central el cuidado y la conservación de los recursos ambientales", explica Reinaldo Bonnecarrere, de Indigo, una startup agropecuaria que desarrolla innovaciones digitales para el sector.

Así, todas las prácticas de conservación y recuperación de suelos pueden considerarse tecnologías de agricultura regenerativa. "La agricultura tiene un potencial de crecimiento muy grande cuando hablamos de impulsar los modelos regenerativos. A medida que la ciencia avanza en este tema, se ponen más tecnologías a disposición de los agricultores y la adopción está aumentando", añade Bonnecarrere.

En este camino, desde CREA, agregan que en los últimos años hay un gran desarrollo tecnológico en pos de alcanzar esta meta dinámica de la sostenibilidad. Algunas de la prácticas que involucra este modalidad son la rotación y diversidad de cultivos, que permiten mantener y aumentar la productividad; una nutrición balanceada de cultivos; la utilización de agroquímicos con mejor perfil ambiental; pulverizaciones selectivas; incorporación de productos biológicos en reemplazo de otros equivalentes de síntesis química; relevamiento y análisis de los datos agrícolas que permitan obtener información que mejore el proceso de toma de decisiones para reducir las brechas de producción; monitoreo profesional de malezas, plagas, entre otros.

"El interés del sector sobre la aplicación de prácticas sostenibles aumentó mucho en los últimos años. A su vez, la sociedad quiere saber cada vez más sobre el proceso productivo y sus indicadores ambientales y sociales", responden Ariel Angeli, líder de I+D y Gustavo Martini, líder del área de Agricultura de I+D de CREA.

AVANCES EN EL PAÍS

En 2020, McCain asumió como compromiso la implementación de prácticas de agricultura regenerativa en el 100% de la superficie de cultivos de papa destinada a sus fábricas en el 2030. "Este compromiso implica la formación de técnicos y productores de papa, así como también el cumplimiento de una serie de indicadores: uso de fertilizantes y pesticidas y su efecto en el medio ambiente, prácticas de laboreo de suelo y rotación con diferentes especies vegetales", precisa Carolina de Lasa Andrés, jefe de Agronomía en McCain.

En cuanto a los beneficios ambientales, destaca el uso racional de agroquímicos y agua para riego, así como también la implementación de prácticas para la reducción de la erosión de los suelos. Mientras que, en lo social, el beneficio se ve en la formación a técnicos y productores.

"El mayor desafío es la implementación de prácticas a largo plazo, ya que el cultivo de papa se realiza en su mayoría sobre áreas rentadas, debido a su rotación mínima de 4 años", detalla Lasa. "Debemos integrarnos con los demás actores de la cadena de manera de aunar esfuerzos", agrega.

Por su lado Guillermo Cascardo, gerente asociado de Agronegocios para PepsiCo define a la agricultura regenerativa "como un conjunto de prácticas que tienen como objetivo mejorar y restaurar los ecosistemas agrícolas mientras se construye resiliencia".

En abril de este año, anunciaron el programa "Agricultura Positiva", que incluye una serie de objetivos toda la cadena agrícola hacia 2030.

En Argentina comenzaron hace más de diez años a trabajar con Buenas Prácticas Agrícolas. Actualmente, incorporaron prácticas de cultivo y herramientas digitales que permiten un uso más eficiente de los recursos maximizando los rendimientos, y una medición de la huella de carbono de los cultivos. Asimismo, incorporaron nuevas variedades de papa con mejores rindes y calidad; realizan ensayos con fertilizantes orgánicos y microorganismos para control integrado de plagas; testean sistemas de riego más eficientes como el riego por goteo, y fueron pioneros en la adopción de siembra directa en maíz y avena. "Experiencia de los productores argentinos que sirvió para que agricultores de otras partes del mundo las adopten", añade Cascardo.

"Uno de los desafíos que tenemos es que las prácticas sustentables en lo ambiental también tienen que serlo en el aspecto económico". Hasta el momento, con las prácticas que se vienen implementando, los agricultores aseguran que: consumen entre 25 y 30% menos de agua, incrementaron un 20% la producción por hectárea y redujeron el uso de agroquímicos; por lo tanto, es negocio.

En febrero de este año, Cervecería y Maltería Quilmes firmó un acuerdo con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) con el fin de impulsar la agricultura regenerativa de cebada y el rediseño del Campo Investigación y Desarrollo de cebada de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. "En Argentina cultivamos más de 285.000 hectáreas de cebada cervecera y producimos alrededor de 450.000 toneladas de malta de cebada entre las dos malterías, que se destinan tanto a consumo interno como a exportación", indica Vanesa Vázquez, gerenta de Crecimiento Inclusivo en Cervecería y Maltería Quilmes.

En este contexto, el convenio con INTA tiene como objetivo recibir asesoramiento técnico y profesional: asesoramiento para realizar experiencias y capacitaciones para producir cebada regenerativa a partir de en sistemas productivos que busquen la regeneración de los recursos naturales y minimicen el uso de insumos.

Para la compañía, la transformación en el modelo de producción implica adaptar las variedades existentes de cebada a los sistemas productivos regenerativos. También acompañan a los productores en la transición regenerativa.

"Teniendo en cuenta que 1 de cada 4 cervezas que la compañía elabora en el mundo están elaboradas con cebada de la provincia de Buenos Aires, este proyecto generará un impacto muy positivo", subraya Vázquez. Durante la primera etapa de trabajo, entre 2019 y 2020, INTA logró sembrar más de 150 hectáreas de cebada, y Quilmes proyecta alcanzar las 1500 hectáreas para 2023.

"Los principios de agricultura regenerativa forman parte de una serie de compromisos que asumimos el año pasado para nuestra categoría de alimentos, donde reconocemos la interrelación del sistema alimentario con el impacto ambiental, desde la producción hasta el consumo", detalla Mariana Reñe, gerente de Sustentabilidad y Comunicación interna de Unilever.

Esto se inicia desde el primer eslabón de la cadena de valor: los productores. "Ellos trabajan aplicando principios de agricultura sustentable y regenerativa, que permite el uso eficiente de los recursos y cuidado del medioambiente, respetando el calendario de siembra".

A nivel país, en la planta de Mendoza, lograron producir de manera sustentable el 100% de la zanahoria, zapallo, espinaca, albahaca, cebolla, repollo y puerro que se utiliza para las sopas y caldos Knorr. En esa planta, además hace un uso eficiente del agua con el riego por goteo, un sistema más eficiente, ambiental y económico. De esta manera, se ahorra un 30% del agua. Esto permite un mejor rendimiento del cultivo por hectárea, un mejor uso de la tierra, reducir mano de obra y el consumo de gasoil, lo que, que significa una reducción en la huella de CO2.

Fuente: https://www.cronista.com/

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