AGRICULTURA

La bioestimulación gana protagonismo en diferentes estrategias de manejo

El uso de bioestimulantes está en auge en las estrategias de manejo agrícola actuales, pero ¿qué son? En términos funcionales, son sustancias de origen natural que, al aplicarse en pequeñas dosis, mejoran el crecimiento y desarrollo de las plantas, es decir, promueven procesos intermedios que conducen a beneficios finales positivos como el aumento de rendimiento o de la calidad de los granos obtenidos.

Desde el punto de vista bioquímico, un bioestimulante es un compuesto químico que la planta identifica como propio a través de receptores. Dentro de cada célula, la señal generada por el bioestimulante es percibida por un receptor y produce una respuesta, que se manifiesta en un cambio en el patrón de crecimiento o desarrollo del cultivo.

Ahora bien, ¿en qué situaciones es válido aplicar un bioestimulante? Las formulaciones utilizadas en el tratamiento de semilla son las indicadas para acompañar el cultivo durante su establecimiento, sobre todo en suelos fríos y húmedos, con baja disponibilidad de nutrientes o con residualidad de fitosanitarios. Existen alternativas que permiten bioestimular el cultivo por vía foliar, por ejemplo en aplicaciones de rescate por escape de malezas junto a herbicidas.

En asociación con el efecto de bioestimulación, este uso busca minimizar el impacto negativo por fitotoxicidad que también se puede observarlo a campo. En un ensayo realizado por la consultora Asesoragro en el partido bonaerense de 9 de Julio en 2020, el bioestimulante foliar redujo la fitotoxicidad causada por aplicaciones de glifosato y fomesafem en postemergencia frente a un tratamiento testigo sin bioestimulante.

A 12 días de la aplicación, el tratamiento con bioestimulante foliar no mostró fitotoxicidad mientras que el testigo presentó un promedio de fitotoxicidad del 10% en las tres repeticiones. Observaciones similares se registraron en el ensayo realizado por la consultora Organización Agroproductiva en Durazno, Entre Ríos, durante la campaña de soja 20/21. El tratamiento con tecnología bioestimulante foliar no solo evitó la aparición de síntomas de fitotoxicidad gracias a su capacidad detoxificante, sino que fue una de las mezclas más eficaces para el control de malezas, sobre todo en las aplicaciones realizadas en el horario vespertino (19 h).

Gustavo Ferraris –investigador del INTA– también puso a prueba el desempeño de la tecnología bioestimulante foliar en soja de primera durante la campaña 19/20 en Pergamino. Los rendimientos alcanzaron una media de 4819,4 kg por hectárea, un nivel muy bueno si se tiene en cuenta el balance hídrico ajustado que tuvo la campaña. Respecto del aporte de la bioestimulación, los tratamientos incrementaron el rinde debido a la mejora en el número, tamaño y fracción de nódulos funcionales, sumado a efectos favorables sobre la biomasa temprana, altura, NDVI, intercepción, vigor, entre otros.

Por último, la pregunta es cuándo resulta más estratégica la aplicación de un bioestimulante foliar en soja. Para la zona núcleo argentina, el 70% de la absorción de nutrientes se concentra desde los 35 hasta los 75 días posteriores a la emergencia que, fenológicamente, se ubica entre V4 y R2, una planta joven, en pleno crecimiento y con el componente de rendimiento por definir. En la práctica, dicha ventana coincide con las aplicaciones de diferentes fitosanitarios que pueden potenciarse con las tecnologías bioestimulantes foliares.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/

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