INTERÉS GENERAL

Hacer el ciclo completo mejora las condiciones de bienestar animal

Los planteos unificados de cría-recría abren la posibilidad de minimizar el trauma del destete y sus consiguientes pérdidas.

El paso de la cría a la recría o engorde suele ser traumático porque no se previene adecuadamente el estrés y sufrimiento de los animales durante el destete. En éste se concentran muchos desafíos al bienestar de los terneros y de sus madres: vacunaciones, castración, marcación, descornada, baños contra la garrapata, paso por remates-ferias, seguidos de un largo viaje hacia lo desconocido.

Los planteos unificados de cría-recría abren la posibilidad de minimizar el trauma del destete y sus consiguientes pérdidas, que son cuantiosas. Estas pérdidas no se deben al destete en sí, que es algo natural, sino a la forma brusca en que se lo ejecuta, pensando que es menos dañina que un manejo gradual.

El criador que encara la recría de sus terneros dispone de otras formas de realizarlo sin traumas ni caídas del sistema inmunológico del ternero, minimizando el estrés de la separación tanto para las madres como para sus crías. Estas formas se basan en hacer por separado las dos rupturas del destete: el corte de la lactación (o “desmamante”), y la separación de las vacas y sus crías. Se denomina “destete en dos pasos”, y es una práctica muy estudiada y difundida en otras latitudes. El primer paso (corte de la leche) se puede hacer mediante el destete a través del alambrado, el uso del destetador plástico y otras formas combinadas con el creep-feeding, que permiten mantener el contacto físico pero interrumpen el amamantamiento.

Una vez que ambas partes han superado este primer desafío, lo que en terneros desarrollados requiere un puñado de días, se puede encarar, si hace falta, la separación definitiva. En la mayoría de los ciclos completos actuales, los terneros permanecen en el campo donde nacieron, que es su hogar, lo que también les ahorra los desafíos del traslado a lugares extraños y a la mezcla con terneros de otros orígenes y sanidad.

La unión de la cría y la recría en las mismas manos y “bajo un mismo techo” permite además desarrollar un manejo más cuidadoso del ternero desde su nacimiento, preparándolo gradualmente para la vida y repartiendo los tratamientos estresantes mientras está al pie de la madre. A veces se cree que es mejor juntar todos los sufrimientos en una sola jornada, pero es un hecho científicamente comprobado que los bovinos superan bien las situaciones estresantes de a una por vez, pero se derrumban cuando se les presentan muchos desafíos juntos.

Asimismo, el ciclo completo ayuda a educar al ternero, y luego, al novillito y la vaquillona, para los siguientes pasos del proceso productivo: el creep-feeding les enseña a comer del comedero, la suplementación los hace más gregarios y facilita su juntada y arreo, al alambrado eléctrico lo aprenden para toda la vida, el paso por la manga deja de ser algo estresante, etc. Son grandes avances en bienestar animal y en productividad cuyos beneficios se extienden a la fase del engorde, y que rara vez se acumulan en los sistemas disociados de cría y recría.

En resumen, uno de los beneficios colaterales de la ganadería de ciclo completo es la reducción de los costos de las transiciones y la consiguiente mejora en el bienestar de los animales.

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