AGRICULTURA

Uso eficiente del nitrógeno

La aplicación del nitrógeno en nuestros suelos debe tener en cuenta múltiples factores que afectan a la productividad de la explotación y a su rendimiento económico. Las pérdidas que provoca un uso ineficiente del nitrógeno son millonarias y todavía son muchos los agricultores que permanecen ajenos a esta realidad.
 
Alimento esencial de las plantas
 
Gracias al nitrógeno, la planta puede realizar la síntesis de proteínas, enzimas y vitaminas. Aunque forma parte del aire en un 78%, los vegetales no pueden asimilarlo directamente en la forma en la que se encuentra en el ambiente. Serán las bacterias que viven en el suelo o en las raíces de las leguminosas las que fijen el nitrógeno del aire en el suelo y lo transformen en compuestos que las plantas puedan asimilar: amoníaco y nitratos. A partir de ellos, la planta fabricará las proteínas que formarán sus tejidos.
 
La insuficiencia de nitrógeno se manifiesta a través de una vegetación raquítica, maduración acelerada con frutos pequeños y de poca calidad, hojas de color verde amarillento, caída prematura de las hojas en el otoño y una acusada disminución del rendimiento de la explotación.
 
Asimismo, un exceso de nutrición nitrogenada provocará retrasos en la maduración (la planta se desarrollará pero tardará en madurar) y mayor sensibilidad a enfermedades y plagas. Los cereales, por ejemplo, tienden a encaramarse cuando sufren exceso de nitrógeno ya que las cañas son menos rígidas y más altas.
 
El nitrógeno está en las hojas, semillas, tallos, flores, raíces y demás tejidos de la planta. Es parte esencial de la estructura molecular de la clorofila y vital para la fotosíntesis, es decir, para que la planta fabrique su propio alimento. 
 
Sincronización
 
El catedrático emérito de Agronomía de la Universidad de Córdoba, Luis López Bellido, explica a agroquimica.es los secretos de una buena utilización del nitrógeno. Este experto coordina la Red  para el Uso Eficiente del Nitrógeno en Agricultura (RUENA) que agrupa a varios investigadores españoles y que está apoyado por el Plan Nacional de I+D+I del Ministerio de Economía y Competitividad.
 
“Aquí entra en juego la idea de agricultura sostenible”, explica el profesor. “Tenemos que conocer bien cuál es la dinámica del nitrógeno y siempre debemos fertilizar después de analizar el suelo y conocer su estado. La palabra clave es la sincronización. Hay que aplicar el nitrógeno justo en el momento en que la planta lo necesite y en la dosis adecuada”, señala.
 
 
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